¡¡FELIZ CUMPLEAÑOS A TODOS!!

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Hoy, 22 de marzo de 2015, "Mis lecturas" y yo, cumplimos nuestro segundo año compartiendo eso: lecturas; mejor decir, comentarios de lecturas.
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¡¡GRACIAS A TODOS!!

miércoles, 17 de abril de 2013

Rabia, Sergio Bizzio


Lo empiezo a leer el 23-XI-2012
Acabado de leer el 19-XII-2012

Título: RABIA

Autor: Sergio BIZZIO

Editorial: interIzona

Año: 2005
 

BIOBIBLIOGRAFÍA DEL AUTOR (la que aparece en la solapa del libro).- Sergio Bizzio nació en Villa Ramallo, Buenos Aires. Es narrador, poeta, dramaturgo, guionista y director de cine.

Publicó las novelas El divino convertible (Catálogos, 1990), Infierno Albino (Sudamericana, 1992), Son del África (FCE, México, 1993), Más allá del bien y lentamente (Sudamericana, 1995), Planet (Sudamericana, 1998), En esa época (Emecé, 2011), el libro de cuentos Chicos (Interzona, 2004), las obras de teatro La China y El amor (Beatriz Viterbo, 1995, ambas en coautoría con Daniel Guebel), Gravedad (Beatriz Viterbo, 1999, llevada al cine por Fernando Spiner con el título Adiós querida luna), las colecciones de poesía Gran salón con piano (Salido, 1980), Mínimo figurado (Último Reino, 1990), Paraguay (Mickey Mickerano, 1995), El abanico matamoscas (Belleza & Felicidad, 2002) y el ensayo en verso El genio argentino (Eloísa Cartonera, 2005).

Es autor de varios guiones cinematográficos. Dirigió el telefilme El disfraz (2004) y los largometrajes Animalada (Premio de Guión del Instituto Nacional de Cine, 2000. Premio Mejor Película Extranjera en el Latin American Festival of New York, 2002) y No fumar es un vicio como cualquier otro (2005).

En España Rabia obtuvo el Premio Internacional de la Novela de la Diversidad (El Cobre, 2004; Debolsillo, Mondadori, 2005).
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MI RESUMEN-OPINIÓN DE LA OBRA
Historia de un amor extraño, raro desde el comienzo entre una joven, Rosa (veinticinco años) y José María a quien le gusta que le llamen María (quince años mayor que ella: cuarenta).
Ella trabaja como mucama en una casa (la de los Blinder) bien; bien en apariencia.
Él, en una obra como albañil.

José-María siente que Rosa es su último amor, se aferra a ella como a un salvavidas. Es celoso, no permite que nadie la mire, que nadie opine, que digan nada de ella, ni de él. Es violento, de una violencia contenida pero que llega a matar sin problema ni cargo de conciencia. Después de asesinar al capataz de la obra por un enfrentamiento entre ambos, se esconde en la buhardilla de la casa en la que vive Rosa. Allí se enclaustra. Debería decir que se encarcela por años… No sale si no es para vengarse de otras dos personas, dos hombres que persiguen a Rosa, de uno incluso se queda embarazada.
José María se convierte en una suerte de fantasma del hogar por el que deambula de noche para abastecerse de comida, para espiar a los demás habitantes del edificio, sobre todo a Rosa…, a quien llama, de vez en cuando, desde un teléfono que se encuentra dentro de la misma casa. Y, cuando no puede hablar con ella, dialoga con una rata que le visita de tanto en tanto en la buhardilla (mansarda).

Cuando Rosa da a luz y el niño se mueve de manera autónoma, José María habla con el bebé, incluso le enseña a llamarle “mamá” (de María).

A pesar de llevar una vida tranquila, la rabia lo come por dentro y, al final, su amiga la rata, lo muerde y le traspasa esa rabia que lo lleva a la muerte.

Deja un sabor agridulce esta novela en la que el diálogo tiene una gran importancia (lo que le hacer ser una novela muy ágil), así como el entorno que llega a ser asfixiante o helador, depende de la época del año; lo que sí se puede asegurar es que es claustrofóbico: es peor que una prisión.

No obstante me ha gustado mucho, el autor es ligero, usa un castellano-argentino envidiable, tanto que a veces es preciso echar mano del diccionario. Recomiendo su lectura.

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FRASES QUE ME HAN GUSTADO
 

[…] A medida que avanzaba su noviazgo con Rosa, su “actitud” le granjeó una larga serie de enemigos en el barrio, algunos inconsistentes y ocasionales, pero otros muy bien consolidados. […]

[…] - Es que leer da más trabajo que mirar televisión –le decía ella.
- ¿Por qué? Si para leer lo único que tenés que hacer es estar sentado o acostado, igual que cuando mirás TV.
- Pero tenés que usar la cabeza. […]
 

[…] En el fondo no sentía ninguna ansiedad por la ocupación del tiempo, estaba fuera del sistema productivo, le gustaba no hacer nada. No tenía obligaciones para con nadie, no debí cumplir órdenes ni preocuparse más que por no ser descubierto.


[…] Esa noche, ya limpio, sin hambre, se dio cuenta de que también tenía tiempo para pensar. Y lo primero que pensó es que nunca había pensado […]

[…] Tengo siempre presente algo que decía Epícteto […] Epícteto –siguió diciendo Rita Blinder- decía que cuando Dios ya no es capaz de proveernos de fe, de amor o de la que sea, es porque está dando la señal de retirada. Acaba de abrir la puerta y te dice “Ven”. “¿A dónde?”. “A nada tremendo; tan sólo allí de dode viniste, a cosas amigas y afines a ti, a los elementos”.  

[…] Ésa era para él la diferencia esencial entre el hombre y la mujer. La mujer cuenta lo que va a hacer y espera que otro lo haga […]
 

[…] Hablar es un problema si uno tiene algo que decir. Pero tenerlo todo sin haber dicho nada es magia, y hay que ser mago para disfrutar de la función.

Decir mucho con una sola frase:

Entró a uno de los baños de la planta baja. Estaba desnudo, así que fue directamente a sentarse en el inodoro. Se quedó allí con la actitud aburrida de quien espera a alguien para redondear un trámite, pero después de unos minutos estiró una pierna, empujó la puerta con un pie, entrecerrándola, y empezó a hacer fuerza […] (Tras esto hay un enfrentamiento entre el matrimonio dueño de la casa y del aseo, los Blinder, por saber quién fue el que utilizó el wc y dejó sucio de excrementos el inodoro)
Las paredes estaban literalmente heladas. El metal de las persianas, en cambio, se había pasado al otro lado: estaba tan frío que ardía. A veces, por la mañana, pero más que nada en la noche, el viento sonaba como un ser rabioso, metiendo sus cuchillas afiladas por resquicios en los que el aire –su hermano- hubiera sido incapaz de entrar.
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